Cuando la realidad duele

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InfografiaUn país no es un dato, y sin embargo sí. Pensar no es hacer, y sin embargo sí.

Pensar a México a partir de las estadísticas sociales resulta tremendamente doloroso pero es necesario ver, medir y nombrar la realidad para poder hacernos cargo de ella.

Porque no ver, no pensar y no hacer también es hacer; resulta paradójico pero contribuir por omisión a que nuestro país esté tan roto como está es una responsabilidad colectiva difícil de admitir y aunque encontremos pretextos debajo de las piedras para negarlo, todos tenemos parte en ello.

Hannah Arendt escribió sobre la banalización del mal a propósito del régimen nazi en Alemania y elaboró una aguda pregunta por demás provocadora, ¿los ciudadanos alemanes que no hicieron nada por impedir el genocidio judío: cuánto grado de responsabilidad y complicidad tuvieron en la masacre?

Saber que en la casa de al lado están acribillando a una familia entera y no hacer nada para detenerlo vuelve corresponsable a quien lo permite.

Saber que en México 53.3 millones de personas viven en pobreza, algunos en pobreza extrema o pobreza alimentaria, nos hace corresponsables a los otros 66 millones que no vivimos en esas condiciones pero que permitimos esta obscena desigualdad.

Porque históricamente el arma de destrucción masiva más eficiente ha sido la indiferencia. Y lo sigue siendo. ¿Lo que digo es duro? Sí. ¿Estoy exagerando? No. Sólo hace falta revisar la historia para constatarlo.

Retomando el planteamiento de Hannah Arendt, el psicólogo y escritor contemporáneo Christophe Dejours escribió sobre la banalización de la injusticia social y el planteamiento es simple: hemos normalizado algo que debería removernos, sacudirnos, perturbarnos; la desigualdad social extrema. El hecho de que en un país con tantas inequidades como México, sólo un millón doscientos mil ciudadanos posean la mitad de la riqueza nacional es un escándalo y una vergüenza. O debería serlo. Quiere decir que la porción que ese millón doscientas mil personas se reparten es la misma que queda para los otros ciento diecinueve millones de mexicanos. ¿Cómo llegamos hasta aquí? Tolerándolo, siendo indolentes, no haciendo nada.

Sé que no voy a parecer muy inteligente pero es que la siguiente pregunta, además de obvia, es la única pertinente: ¿qué vamos a hacer al respecto? Por supuesto que dan muchas ganas y hay razones de sobra para increpar a nuestros funcionarios públicos y sistemas de gobierno pero no olvidemos que la democracia somos todos y que el camino a la transformación más viable, acaso el único, es el que se emprende a nivel personal y luego colectivo.

Parecería una mala broma, o al menos una muy ingenua, decir que acabar con la pobreza extrema y con el hambre es posible, y sin embargo, es posible. Porque depende de nosotros, porque hoy se producen alimentos para 12 mil millones de seres humanos y somos 7 mil millones en el mundo, hay un excedente que, por supuesto, está mal distribuido y mal administrado, pero es posible modificar la tendencia porque depende única y exclusivamente de nuestras acciones. Los mismos que pusimos al mundo de cabeza somos quienes sabremos cómo volver a ordenarlo: los seres humanos somos capaces de las miserias más insospechadas pero también de las hazañas más notables, más sublimes. Hoy, en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sustentable que se ha planteado la comunidad internacional, están precisamente estas dos ambiciosas aspiraciones: terminar con la pobreza extrema y con la hambruna para el año 2030.

Somos la especie humana, los mamíferos más resistentes del planeta Tierra, por eso hemos sobrevivido a tanto: nadie como nosotros puede correr durante semanas para cazar alimento, nadie como nosotros puede realizar esfuerzos sostenidos de largo plazo durante años o durante siglos si es necesario. ¿No podremos poner nuestra resistencia a favor de estas metas?

En la agenda social junto al hambre están los temas de salud, del acceso al agua, la educación, la equidad de género, los derechos de los niños y niñas, el derecho a una vida digna de nuestros pueblos originarios. Con Acción/2015 no estamos dispuestos a resignarnos a esta realidad que duele pero que puede ser modificada; hay 45 organizaciones en México que se han sumado a este proyecto, a este, más que sueño, obligación colectiva que hemos llamado Acción/2015.

En este espacio estaremos informando de los avances e implicaciones del proyecto para México rumbo al año 2030. El país necesita que veas, que escuches, que nombres a la realidad que debe ser transformada.

Atrévete con nosotros a ver, a oír, a nombrar lo que duele. Es un buen principio, tal vez el único posible.

Alma Delia Murillo

@3MonosInforman

Un comentario sobre “Cuando la realidad duele

    andreimichael escribió:
    15 mayo, 2015 en 3:46 am

    Yo digo que los impuestos son para esos cretinos, entonces, en vez de comprar refrescos y toda esa chatarra, mejor le doy mi dinero a los paisanos campesinos, directamente. Hasta muchos van por la calle vendiendo frutas, sin marca y sin “conservadores”. También prefiero el refino que destilan en los pueblos, o el aguamiel; puro y barato. Con la ropa es lo mismo, y para los que fuman, compren hojas de tabaco. Pareciera que los pobres gringuitos necesitan nuestra ayuda y tenemos que comprarles todo…
    Hacen falta más almas como Delia!

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