Causa de muerte: hambre

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Foto: Sebastião Salgado

Usted, lector tan amable, tan bienintencionado, un poco olvidadizo, ¿se imagina lo que es no saber si va a poder comer mañana? Y, más: ¿se imagina cómo es una vida hecha de días y más días sin saber si va a poder comer mañana?

El anterior es un fragmento del libro El Hambre de Martín Caparrós (Planeta, 2014) y el libro entero es un viaje estremecedor por una de nuestra prácticas sociales más viles: dejar que otros seres humanos mueran a causa del hambre.

Voy a corregir: no dejamos que otros seres humanos se mueran de hambre, lo permitimos, lo provocamos, lo fomentamos.

Esta tragedia a la que nos hemos acostumbrado no es un asunto de tierra y agua para la agricultura y la ganadería, no: es un asunto de desigualdad, de pobreza, de corrupción, de hábitos de consumo y de apatía social.
Ni para dónde hacernos porque cado uno de estos hechos son derivados de nuestras conductas y nuestras decisiones. Y aunque los datos se han convertido en un eufemismo frustrante porque somos inmunes a ellos, sigue siendo necesario recurrir a los números para intentar hacer un retrato de lo que está ocurriendo en el mundo y en nuestro país. Revisemos algunos:

800 millones de personas sufren de hambre y desnutrición en el mundo. Y 25 mil personas mueren de hambre cada día; eso quiere decir más de 2,000 por hora, 2 seres humanos cada minuto. Para cuando terminen de leer esta entrada habrán muerto cuatro personas más a causa del hambre. Si mañana vuelven a este espacio para consultar algún dato los muertos serán 25,000 más que hoy; pasado mañana se acumularán 50,000; al siguiente día 75,000 y el contador no se detendrá.

Hablemos ahora de México, el país donde vive el hombre más rico del mundo y sin embargo (o precisamente por eso) los niveles de desigualdad son monstruosos:
Según la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), México es el segundo país con mayor desigualdad económica, casi la mitad de la población vive en condiciones de pobreza y hay 27 millones de mexicanos en pobreza alimentaria y/o desnutrición crónica. Es perturbador pero lo que realmente trastorna es que no se trata de un accidente de la naturaleza sino del país que entre todos hemos construido.

Me voy a permitir plantearlo diferente. Los invito a asumir una convención, un juego macabro por unos minutos.
Imagine que usted tiene 3 hijos pero sólo 2 de ellos pueden comer adecuadamente ¿toleraría que el otro siguiera permanentemente desnutrido y mal alimentado?

Imagine que usted y sus hermanos son una familia de 4 pero sólo pueden alimentarse bien 3 de ustedes y deben dejar al cuarto hermano padecer hambre.

Esa es nuestra realidad: 1 de cada 3 niños no puede alimentarse adecuadamente, 1 de cada 4 mexicanos sufre de hambre.

Morir de hambre es un proceso largo y doloroso, empieza por la pérdida de peso y sigue con el aniquilamiento del sistema inmunológico, se contraen virus, bacterias y parásitos que infectan al cuerpo, que lo agreden sistemáticamente, que lo consumen; se pierde más y más peso al punto de no poder sostener con los músculos la estructura ósea y sólo queda esperar, echado y contra el suelo, a que todo termine.

Hay que repetirlo: el hambre es un método de exterminio histórico, una fórmula perfecta para aniquilar seres humanos a rajatabla.

Si debemos recurrir a la indignación, a la compasión o a la rabia para salir de la indolencia, que así sea. ¿Qué hacemos ahora?

Me gusta la propuesta simple pero efectiva que plantea la organización The Hunger Project México en su página web con estas cuatro posibilidades:
Invertir, si se puede destinar un monto, por mínimo que sea a las ONGs dedicadas a dar atención al tema, será bienvenido. La urgencia de abatir esta epidemia requiere aportaciones individuales y del sector privado para complementar las acciones del Estado en cuanto a la erradicación del hambre, sin perder de vista la responsabilidad de éste de garantizar el derecho humano a la alimentación.
Ser voluntario, si lo que puede es invertir tiempo y trabajo directo, será muy útil.
Informarse, estar dispuesto a saber, a salir de la comodidad de la ignorancia es el principio de todo.
Compartir, ayudar a difundir para que los demás se enteren en redes sociales, o con los esténciles y adhesivos o stickers que se encuentran en este mismo blog para imprimirlos y colocarlos en lugares estratégicos.

Cualquier cosa antes que rendirnos, antes que hacer como si no pasara nada cuando en el mundo y en nuestro país hay un estado de emergencia.

Alma Delia Murillo

Twitter: @3MonosInforman

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