¿Cómo ser indígena y no morir en el intento?

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Durante siglos hemos faltado al respeto a nuestros pueblos indígenas.

Sistemáticamente, cotidianamente atentamos contra sus derechos, su dignidad, su bienestar social, sus creencias.

Qué triste resulta pensar que al empobrecerlos a ellos, nos empobrecemos todos, porque también nosotros, los mestizos, los mexicanos que una y otra vez nos avergonzamos de nuestro origen de piel morena, tenemos raíces indígenas.

Con toda franqueza importa poco enrolarnos en la discusión de formas para dilucidar si lo correcto es llamarles pueblos indígenas o pueblos originarios cuando lo esencial, lo vital, sería dejar de someterlos a una marginación sistemática que poco a poco los va desapareciendo. Según datos del INEGI hasta el año 2000 se mantenía una curva de crecimiento, sin embargo, en los últimos dos quinquenios, la población indígena muestra un decremento importante; las posibles explicaciones son dos y son igual de terribles: una es la muerte (temprana, por enfermedades que no pudieron ser atendidas, por enfermedades derivadas de la pobreza y la desnutrición crónica, por la invasiva violencia de la guerra del narco que ha devastado poblaciones indígenas). Y la otra es la negación, las personas nacidas como parte de un grupo indígena prefieren desconocerlo, renegar de su identidad como un acto de sobrevivencia.

“La población indígena vive una terrible violencia identitaria, a tal grado que para protegerse tienen que negar sus raíces para tratar de sobrevivir al estigma que la sociedad mexicana, en un acto aplastante de discriminación, les impone” dijo Óscar Rey Meneses, Presidente de la Asociación no gubernamental Altepetl en una conversación telefónica al respecto.

Es que los estamos asfixiando: por un lado el sistema construido para tratarlos como merma de fábrica o desecho corporativo los ha sumido en la miseria, (80% de las poblaciones indígenas viven en pobreza. INEGI). Y por otro lado la incapacidad colectiva de aceptar que somos un país pluri, multi e intercultural mantiene siempre a los diferentes en la periferia, en condiciones de sobrevivencia.

Este dato resultado de una encuesta que realizó el CONAPRED es desolador: 40% de las personas no indígenas encuestadas se organizarían para evitar que un grupo indígena se estableciera cerca de su comunidad.

Qué vergüenza.

Como sociedad civil hemos hecho muy poco, nos aterra sumarnos a causas que no nos den estatus o que no se consideren “cool” porque sí, mirar de frente la pobreza y las condiciones indignas en las que viven los que nos dieron origen puede resultar muy incómodo.

Pero las políticas de Estado tampoco han sido suficientes ni efectivas porque programas diseñados con una visión asistencialista o de beneficencia no resuelven la carencia estructural y porque tratar de convertir a los indígenas al concepto de “calidad de vida” urbano deriva en el exterminio por goteo, en la desintegración de las comunidades mediante migraciones constantes, en la pérdida de identidad.

Vale la pena detenernos a preguntar ¿qué quieren los pueblos originarios?

Una y otra vez lo han dicho: quieren respeto.

Detengámonos un poco más a analizar la palabra latina que le da origen: Respectus, del prefijo “re” (de nuevo) y “spectus” (ver).

Mirar de nuevo. Hay que volver a mirar, dejar la ceguera elegida y acomodaticia en la que vivimos y voltear a mirarlos.

¿Cuántas veces le hemos volteado el rostro a una persona indígena en la calle, en un restaurante?, ¿hasta dónde llega nuestra patológica necesidad de hacer como si no viéramos, de hacer como si no pasara nada?

En la misma encuesta del CONAPRED hay otra respuesta que cimbra:

Los pueblos indígenas consideran que su principal problema es la discriminación (20%) antes que la pobreza (9%)

Dejemos de estigmatizar, excluir y estereotipar a las comunidades indígenas. Digo dejemos y me refiero a nosotros, todos, tú, yo. Por ahí debería empezar el camino para abrir las oportunidades que les están siendo negadas.

¿O vamos a seguir pagándoles con desprecio, pobreza y marginación a los que nos dieron origen, a los que construyeron gran parte de la riqueza histórica y cultural de este país y de la que todos seguimos alimentándonos?

Respetar a los pueblos indígenas, volver a mirarlos, mirarlos.

Es una elección que depende de ti.

Alma Delia Murillo

Un comentario sobre “¿Cómo ser indígena y no morir en el intento?

    Rodolfo Sánchez García escribió:
    4 junio, 2015 en 6:00 am

    Alma Delia: ¡Buenas noches! Excelente comentario, y a la vez aterrador. Como dices, “Qué vergüenza”
    Sobretodo ese dato de que 40% de la gente no indígena, se organizaría para no dejarlos establecerse cerca de ellos. Al momento de leerlo, quedé anonadado. Es realmente alarmante, como si estuviéramos no sé dónde. Es reflejo de una discriminación a la más vieja ultranza. Al igual que tú, me avergüenza siquiera, saber que esa percepción exista. Saludos desde Xalapa, Ver. Rodolfo Sánchez García.

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