El síndrome de Adultescente

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detalle5Supongo que a ustedes, como a mí, sus padres los aleccionaron para que fueran alguien en la vida.

Qué tremenda consigna si nos detenemos a pensar de qué se trata eso de ser alguien.

Cada momento histórico ha buscado una razón para la vida y cada etapa de la historia tuvo sus taras generacionales; no podemos negarlo.

Pero me cuesta imaginar un propósito de la existencia más ominoso, absurdo y ridículo que este de nuestros tiempos que se ha diseminado como la más contagiosa de las pestes: el del consumismo llevado a niveles insospechados.

El ocio, la irresponsabilidad y la adolescencia cada vez más prolongadas han generado adultos con poder adquisitivo que presentan hábitos de consumo que pueden ser considerados infantiles o propios de la pubertad. Eso es un adultescente. Y confieso que yo me cuento en el segmento.

Declaro, con vergüenza, que soy una adultescente o lo que en Norteamérica llamarían una Kidult  (kid con cartera de adult).

Es la palabra con la que se describe a una imbécil que, como yo, trabaja y gana dinero para gastárselo en estupideces que son equivalentes a los juguetes de los niños: ropa, dispositivos electrónicos, viajes como capricho personal, comidas con los amigos, alcohol, películas y series televisivas…tonterías. O sea, que daría lo mismo seguir comprando muñecas y dulces, ver caricaturas y coleccionar estampitas: lo que subyace de fondo es el deseo de preservar tendencias de consumo que no sólo evocan sino que materializan nuestra infancia.

Y en lo de materializar es que se jodió la cosa porque junto a mí hay millones de personas con los mismos hábitos de consumo y entre todos estamos arruinando el planeta Tierra pedazo a pedazo, país por país, océano tras océano.

Si alguien está pensando que la frivolidad de comprar ropa y dispositivos electrónicos no es parte de su cotidianidad, entonces analicemos los hábitos que se han promovido en este culto comercial a lo “saludable” con un poco más de lucidez y menos de mercadotecnia; sorpresa: son tremendamente dañinos. El consumo de agua embotellada y snacks dietéticos envueltos en plástico sobre plástico y cartón sobre cartón son dos de los productos que más generan basura en el mundo.

Vamos a ponerle números al asunto.

8 millones de toneladas de plástico flotan en los mares y océanos del planeta. (Estudio publicado en Science)

Y México es el mayor consumidor de agua embotellada en el mundo:

21 mil botellas de PET se tiran a la basura diariamente en nuestro país, y sólo la mitad de ellas se recicla, la otra mitad tarda 500 años en biodegradarse. (Poder del Consumidor)

No es de extrañar entonces que el 94% de los ríos en México estén contaminados (Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM) ni que cada año se pierdan 155 mil hectáreas de bosque que son el equivalente a 80 canchas de fútbol cada día (CONAFOR, Comisión Nacional Forestal).

 

Gran parte de los océanos e incluso islas enteras en el mundo son ya basureros flotantes; se han convertido en descomunales monstruos peninsulares que desbordan desechos plásticos y tecnológicos, desechos de plantas de procesamiento químico o desechos radioactivos y todos son resultado de lo que nosotros, la generación digital, hiperconectada, “saludable” y más consumista de la historia ha provocado.

Hagamos ahora números personales.

¿Cuántos jeans hay en tu clóset?

¿Cuántos pares de zapatos, cuántas camisas y tenis?

¿Cuántas botellitas de champú y frascos de crema hay en tu baño?

¿Cuántas botellas de agua o latas de refresco compras a la semana?

¿Cuántas barritas saludables envueltas en plástico consumes al mes?

¿Cuántas servilletas de papel arrojas a la basura después de cada comida?

Admito que revelar mis números me provoca vergüenza, acumulo y compro objetos que no necesito pero sé que no soy la única con esta conducta torpe e irresponsable: ahí están los océanos señalándonos a millones de personas como causantes de esto.

¿Será esta de verdad la única manera de demostrar que somos alguien en la vida?, ¿se nos van a ir los años así, trabajando y consumiendo incesantemente?

Sé que las respuestas son de cada uno, que las decisiones son personales e individuales pero ojalá que la conciencia no nos deje seguir siendo individualistas porque las consecuencias de nuestra conducta, hasta ahora, han sido devastadoras y de seguir igual, cualquier filme hollywoodense apocalíptico resultará ingenuo comparado con la realidad que nos espera.

Alma Delia Murillo

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